La NASA aplazó el lanzamiento de su nuevo cohete lunar y ahora aspira a marzo, luego de detectar fugas de hidrógeno durante un ensayo general de carga de combustible en el Centro Espacial Kennedy. El retraso permitirá revisar datos y realizar otra prueba antes del vuelo.
El problema surgió pocas horas después de iniciar la carga de hidrógeno y oxígeno superfríos en el cohete de 98 metros. Se debían transferir más de 2.6 millones de litros para simular la fase final de una cuenta regresiva real, pero el hidrógeno comenzó a acumularse en la base del cohete, obligando a detener la operación al menos dos veces. Situaciones similares ya habían ocurrido en el primer vuelo de prueba del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) en 2022.
También hubo retrasos en los procedimientos de cierre y fallas intermitentes de audio en las comunicaciones del equipo en tierra.
Debido al aplazamiento, los cuatro astronautas asignados (tres estadounidenses y un canadiense) saldrán de su cuarentena y volverán a iniciarla unas dos semanas antes de la nueva ventana de lanzamiento. La NASA aún no fija fecha oficial para marzo, pues primero debe resolver los problemas técnicos.
La misión, de casi 10 días, enviará a la tripulación más allá de la Luna, rodeando su lado oculto y regresando a la Tierra. No habrá órbita lunar ni alunizaje; el objetivo es probar los sistemas de soporte vital y otros sistemas críticos de la cápsula.
Este vuelo forma parte del programa Artemis, que busca establecer una presencia humana sostenida en la Luna. Será el primer viaje tripulado más allá de la órbita lunar desde el programa Apollo, y servirá para preparar futuros alunizajes.
Con información de La Jornada / Redacción ChatGPT


